20º DÍA: Maruja’s Day

Sonríe! Dios te ama

29 de enero: Nos levantamos y rápidamente fuimos hasta Kapa’a a desayunar y ver nuestras cuentas bancarias, para comprobar si nos habían devuelto el dinero de la excursión, que nos cargaron por duplicado… pero iba a ser que no.
Terminamos nuestros burritos y el café agua-chirri, para conducir antes que nada hasta lo de la loca de nuevo y ver qué pasaba. Resumiendo: Después de 2 horas en el Activity Warehouse donde habíamos comprado la excursión para la costa Na Pali, tratando de solucionar el problema porque la manager de la loca, no nos creía que la excursión había sido cargada dos veces y yo, ya… habiendo pasado una hora argumentando y frente a la situación de desconfianza, estaba bastante hasta las narices de estar perdiendo tiempo allí dando explicaciones cuando quizás a la semana, tendríamos el dinero de regreso en nuestra butxaca online; pero ese “quizás” era demasiado arriesgado, porque para aquella época ya estaríamos en otra isla. Todo terminó en que tuvimos que mostrarle nuestra cuenta del banco a la manager, con el portátil en mano y enviarle una copia por mail de aquel cargo, para que nos asegurara la devolución ya que los conceptos de ambos cargos no coincidían aunque los importes, eran exactos hasta los quarters. Mientras hacíamos todo este tramiteo absurdo, lavamos ropa y la secamos en un Launderette cercano, aprovechando así un poco la pérdida de tiempo.
Como el día estaba bastante feo –llevamos varios días con fuerte viento del este y tormenta- con me & myself agotada por el maldito estrés de la reclamación, ya que a mi compañero le resultaba misión imposible encontrar alguna forma de relajarme en estas situaciones, al repetir su incómodo lema: “Yo… paso de todo”, volvimos directo a Anahola. Me quedé escribiendo y como no, Alex al océano porque el swell continuaba beneficiando la costa de nuestro hogar pasajero.
Por la noche se dignó a hacer fuego, pese a las inclemencias del tiempo, para calentar al menos un poco de agua y comer nuestros rutinarios noodles, ya que el presupuesto menguaba según pasaban los días; hasta que llegó mi momento de narcolepsia y entré en mi plácido camino nocturno, hacia el mañana.