19º DÍA: Na Pali coast con Captain Andy

Na Pali on boat

28 de enero: Nos levantamos a las 5 de la madrugada. 5.37 estábamos ya arriba del coche para coger la carretera hacia Port Allen desde donde partiría nuestra excursión, en la costa suroeste de la isla. Según pasamos por Kapa’a, vimos el camión con los empleados que ponen los conos que dividen cada mañana, el carril que va hacia Lihue en dos para evitar atascos, deduciendo así que íbamos bien de tiempo y evitando la rush hour. Llegamos a Kauai Sea Tours, hicimos el check in, dejamos el coche donde nos indicó la chica y volvimos a la oficina, a esperar junto con unos cuantos otros que habían llegado temprano como nosotros. Nos quedamos mirando las típicas tonterías de souvenir y yo compré un libro que habla, como un relato, sobre la historia de la isla contada por una señora que nació y creció aquí, desde la época de los 50 en adelante, viviendo el cambio de ser hawaianos a convertirse legalmente, en un estado más de USA y ellos... en nuevos gringos estatales.
A eso de las 7.30 nos llevaron a todos caminando hacia donde estaba atracado el catamarán y el capitán, nos hizo quitar las chanclas para subir a darnos la charla de seguridad. Más o menos sobre las 8.30 comenzamos a zarpar desde Port Allen hacia el norte, viendo la costa de Waimea, Maná y las extensas dunas de Polihale. Cada tanto el capitán iba parando la máquina, para ver una tortuga marina muy pancha nadando tranquila junto a delfines, que se acercaban en grupo para saludarnos, dando vueltas en el aire y nadando junto al catamarán permitiéndonos ver lo hermosos que son; mientras unas enormes ballenas jorobadas, a lo lejos, respiraban echando agua hacia arriba completando el show. Hubo dos que dieron una vuelta sobre sí mismas… ¡al mismo tiempo! y otra que, tímida, solo nos mostraba su cola. A partir de Polihale el capitán anunció por los altavoces que cada uno cogiera un sitio y “Hang on!”, porque empezaríamos a levantar velocidad hasta llegar a Na Pali. Con Alex nos quedamos agarrados del lado derecho para poder ver bien toda la costa de Kauai (del lado izquierdo solo se veían las ballenas) y en la punta norte, enfrentándonos a la fuerte marea, el catamarán parecía cabalgar las olas porque la proa subía alto y  cuando bajaba, salpicaba agua directamente hacia nosotros. Mientras el capitán gritaba “Keep your legs straight!”, yo ya estaba totalmente empapada de pies a cabeza y con la cámara de fotos peligrando en mi bolsillo, me fui hacia dentro; heladita de frío para protegerme del agua (el viento podía sentirse bastante más con la ropa de algodón, mojada encima mío), mientras Alex se quedó solo, en la proa del barco, surfeando las olas junto con el catamarán. Los chicos de la tripulación me preguntaban “Is that your husband? He’s totally crazy! Cool… he has the surf posture, you know?(Es ese tu marido? Está totalmente loco! Guay... tiene la postura de surf, sabes?).
Más o menos pasando Nu’alolo State Park, poco antes de llegar a Kalalau beach, volvimos a parar y el capitán nos indicaba que como las aguas estaban calmas, allí sería donde a la vuelta pararíamos para hacer snorkel. Volvió a meterle caña a la barca hasta llegar a Na Pali, pero las vistas comienzan a impresionar con solo pasar Polihale Heiau. Los acantilados son altísimas paredes de roca volcánica color rojo oscuro, rodeadas de valles vírgenes verdes y playas de roca negra, con arenas blancas. El mar azul junto con el cielo y el sol reflejando las puntas dentadas, convertía el paisaje en un cuadro que inspiraba. Unos cuántos agujeros en el risco, mostraban los rastros de antiguas cascadas de grandes alturas que caerían al mar, mientras de otros huecos podían verse pequeños saltos que aún descargaban agua dulce al Pacífico.
Paramos un buen rato en el sitio que el capitán ya había elegido para hacer snorkel, Alex se metió a ver los pececitos de colores pero yo pasé de todo y me quedé en el barco, rodeada por la toalla tiritando de frío y charlando con una mujer de Canadá, muy preguntona y simpática.  Cuando llegó el momento del buffet, cortamos la charla y ella fue a comer –yo tenía el estómago danzando e inapetente-, así que aproveché que el sol había salido y me senté en el culo del barco, para ver los peces acercarse a la comida que les tiraban. Me puse a charlar con uno de los chicos de la tripulación que me preguntaba lo típico: de donde éramos, que hacíamos allí, cuánto tiempo nos quedábamos… y ya después terminé charlando con el otro chico, el capitán y hasta Alex que se unió a la charla, mientras el que faltaba de la tripulación se había ido con un tablón a por una boya rota, hasta la playa donde solían atracar para el snorkelling time.
Vuelta a arrancar motores terminando el descanso y ya con Alex congelado a mi lado, emprendimos el regreso a Port Allen y esta vez, sin parar, consiguiendo así dar mi estómago vuelta por completo entrando en un estado de somnolencia, que con el sol se hacía inevitable. Pero aguanté despierta mirando el mar por si asomaba alguna otra ballena, hasta que el catamarán llegó a puerto. Nos despedimos de todos –pero sin dejarles propina porque we are rats- y pude recuperar el calor en el cuerpo finalmente, cuando me puse ropa seca que teníamos en el maletero del coche –nuestro personal closet-.
Volvimos al camping y seguía habiendo swell este, así que mientras Alex surfeaba yo me eché una siesta porque tanto zarandeo en la barca, me había dejado un tanto cansada.

RESUMEN
Catamarán: Una de las tantas opciones es Kauai Sea Tours partiendo desde Port Allen