57º Día: Beach Life



Rocky Point
6 de Marzo: Llenamos nuestras barrigas una mañana más con cereales de colores mezclados con pedacitos de malvavisco, salimos a la puerta para ponernos las chanclas, bajamos por la escalera hasta el garaje abierto bajo la casa donde guardábamos las bicis y pedaleamos hasta el pico, para pasar un día más en la playa.
¿Qué aburrido puede parecer todo esto, no? Cada día a la playa… pero puedo asegurarte que el espectáculo está servido en un sitio con las olas y l@s riders que vengo disfrutando, como también conozco de sobra lo mucho que echo de menos cuando el clima ya no me deja ir, cada día, a echarme sobre la arena y leer cuando se acaba la serie, bajo la calidez del sol sin preocupaciones ni dedos entumecidos por el frío o tareas pendientes por hacer. El único problema con el que me encontré en este pico fue no poder localizar un maldito sitio, fuera del agua, donde mear en paz; no esperaba un baño público, no… qué va, ya no luego de las experiencias anteriores sino al menos algún hueco entre los arbustos, pero era imposible. Las únicas zonas medio-verdes que había a lo largo de estas playas eran de casas privadas que te espantaban con sus característicos carteles de Private Property, perros y amenazas varias. Meterse al agua solo para mear era bastante complicado por el superficial fondo de coral, la traicionera corriente del pico y vamos, que con estas condiciones mi vejiga no se podía relajar ni cinco segundos seguidos. En el poco rato que mi compañero estuvo fuera del agua aproveché para ir en bici hasta el beach park de Sunset beach y evacuar tranquilamente todo lo necesario; al regresar a Rocky point mi colega surfero marcharía hacia el mismo destino, pero con otras prioridades más concretas.
Vuelta a nuestra habitación en la casa de Maureen al atardecer solo para dejar la tabla y acercarnos hasta el teléfono público del Foodland; llamamos a Sarah, la interesada detrás del primer email recibido sobre la venta de las bicis y quedamos en que las recogería pasado mañana en la misma puerta del supermercado. A nosotros nos venía de lujo para poder usarlas un día más de lo imaginado. Con la cena comprada el día anterior, fuimos directo a la casa para disfrutar de una triple sesión del Dr. House en el portátil, comiendo pizza sticks con arroz y huevos fritos. 


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