44º DÍA: Brasuca’s weed


22 de febrero: Wake up, breakfast y a rodar mi vida. Este día estuvimos desde las 10 y poco de la mañana hasta que atardeció en el pico conocido como V-land; el día anterior habíamos comprado embutido en el supermercado para preparar unos cuantos bocatas y así no tener que movernos de la playa. En algún momento de la tarde apareció César el brasuca, me saludó y se piró casi corriendo, mirando detrás de mí, diciendo que iba a por la tabla. A mi todo me pareció muy sospechoso porque casi me dejó hablando sola y cuando giré la cabeza, para saber a quién miraba, lo veo a Alex saliendo del agua y acercándose hasta mí. Aunque no me gustó nada la actitud tampoco le di mucha importancia porque pensé, inocentemente, que podría ser solo casualidad. Más tarde volvió a aparecer preguntándome si tenía mechero y como le dije que sí, aprovechó y me preguntó si quería fumar. Asentí y me hizo señas para que lo siguiera hasta unos arbustos que había justo detrás de donde yo solía ponerme; esto me gustaba menos aún que la actitud anterior, pero lo adjudiqué a la paranoia del fumeta-persecuta y así se lo dije a él, para escuchar que solo lo hacía porque había niños en la playa.
Toda la situación me daba un mal rollo terrible: el temita de los arbustos, la fuerza y la rapidez con la que le daba las caladas al porro y la forma en que no paraba de mirar de un lado hacia otro, hasta que me lo pasa y me dice: “I like you… you know?”, a lo que yo pensé “Ya… ya estamos.” “I know that you have a boyfriend and that…” y le contesto “Ok…”, fumando y tratando de darle la mínima importancia a todo lo que estaba diciendo. Acelerando el trámite le pregunto si me puede conseguir hierba y me dice que sí, pero a 60$ el gramo… ya ves. Le digo, mientras doy lo que sería mi última calada, “Hey! Very expensive… uh?” y el que me ignoraba ahora, era él; fuma mientras me toca el muslo –que no, culo- para decirme “You have to wear brazilian bikini… is this argentinian?” y según le quitaba la mano de donde la tenía, no pensaba en otra cosa más que pirarme de los putos arbustos. Le contesto que no y le pregunto cómo tenía que hacer para que me trajera cosa y me dijo que lo llamara, así quedábamos y nos encontrábamos. Me pasa el canuto y le digo que no quiero más mientras me incorporo para rajar, ya de una vez por todas, intentando que mi cuerpo totalmente fumado –la maría estaba very buena- se moviera y saliera de allí mientras le digo, “Ok… I’m gone” y él me pregunta “Can I give you a hug?”. Pienso… joder, joder, me cago en todo lo que se menea y al contestarle “Ok” me da un abrazo tan fuerte, que no me dejaba respirar bien y tuve que golpearle con la mano abierta en la espalda, repitiendo más de un Ok, para que me soltara de una vez, hasta poder decirle que casi me deja sin aliento.
Al salir de allí me eché en mi toalla y pasé olímpicamente del estúpido brasileño, sintiendo un asco terrible y jodiendo el colocón de tan buena hierba. Al volver Alex del agua le conté que había estado fumando con el brasuca, que le había preguntado el precio y todo pero que me negaba rotundamente a comprarle nada al colega. No le conté todo porque aún nos quedan dos semanas en Oahu y Alex, surfea en el mismo pico que el César este y a pesar de que mi compañero nunca reacciona en este tipo de situaciones, no quería crear mal rollo por si se cruzaban en el mar. Volvimos al camping en las bicis mientras yo volaba con mi mente, pensando unas líneas que quería escribir como reflexión final del día, antes de echarme a dormir. 


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