30º DÍA: Sulfuroso Kilauea

8 de febrero: Nos levantamos bien temprano porque anoche vimos los partes en internet, anunciando que el buen swell entraba por la mañana a primera hora, así que 7 y algo ya estaba preparando un rico desayuno con arroz, french toast & coffee. A eso de las 8 –pasadas- salimos de lo de Arnold –así le llamábamos nosotros- hacia Honoli’i para aparcar con suerte, en la cuesta que baja a la playa y el surf was up! Cuando paró de llover, ya que el diluvio de anoche hoy era solo una molesta llovizna, salí del coche para intentar echar unas buenas fotos de alguna secuencia de Alex y finalmente, lo conseguí. Sobre las 11 abandonó el mar y como el día seguía bastante chungo, decidimos regresar al camping para comer allí y luego partir al Parque Nacional de los Volcanes. Volví a cocinar y después de la sobremesa fuimos por la Hwy. 11 hasta el gran National Park para pagar 10$ de entrada, válida por una semana y con el mapa en la mano, comenzamos a conducir dentro del parque. Nuestra primera parada fue en los steam vents, unos agujeros desde donde sale vapor producido por el agua subterránea que llega 
hasta las rocas que la hierven; esto es muy común en las zonas de la cima del volcán Kilauea y a través de las grietas donde el magma –lava subterránea- está más cerca de la superficie. La temperatura ambiente y la humedad afectan la visibilidad del vapor que escapa por las grietas, pero nosotros tuvimos la suerte de verlos echar un denso vapor. Continuamos hasta un punto panorámico desde donde podíamos ver como echaba sulfurados humos el cráter Halemaumau; este pit crater –derrumbamiento más pequeño, que el hundimiento de la caldera en la cima- de 914mt de ancho y más de 85mt de profundidad, surgió de un río de lava que en 1924, al drenar, causó una violenta explosión de vapor, provocando que el Kilauea no parara de erupcionar de forma intermitente hasta un total de 40 veces. La erupción actual comenzó el 3 de enero de 1983 y ni ha parado, ni se sabe cuando habrá de hacerlo.
A partir de este punto tuvimos que mantener los cristales del coche bien cerrados pero aún así, podíamos oler el azufre que provenía del cráter y de todo su alrededor. Aparcamos al comienzo del devastation trail –sendero de la devastación- y caminamos bajo la eterna llovizna hasta el sendero de Byron que nos enseñó más de cerca la gran cima del volcán y el inmenso cráter que quedó de la explosión; impresionaba observarlo yermo y desolador, desde nuestra posición dentro de la selva tropical. Regresamos al coche y deseando ver la maravilla de la roja lava caer en el océano, Alex condujo por el Chain of craters road que nos llevó hacia la zona de las grietas en el este durante 64km, bajando 1000mt viendo más cráteres y zonas devastadas en diferentes años, hasta llegar a la escarpada orilla del mar. El actual final de la carretera no era el verdadero, ya que solía acabar en el pueblo de Kaimu, casi en la esquina sudeste de la isla por lo que al caminar sobre lava petrificada, pasando los carteles de información de los Rangers -guardabosques-, podíamos ver parte del asfalto del camino que fue cubierto por recurrentes ríos
de lava, desde 1986. Imponía y daba un poco de paranoia estar parados sobre aquella lava, ya que algunos trozos podían sentirse tibios al tocarlos con las manos, viendo también como en la ladera del volcán quedaban árboles aislados y rodeados de antiguo magma. Definitivamente, para la madre natura, no somos más que hormigas.
Si quieres un mapa más preciso, para saber donde están los senderos y demás atracciones del parque, busca aquí.