28º DÍA: Haleakala on top

Haleakala top views

6 de Febrero: Tarde, ya una costumbre muy nuestra, nos levantamos y desayunamos lo poco que nos quedaba. Tiramos sin dudar hacia el noroeste recto, para ver qué tal las olas en aquel sector con parada casi obligada en la Shell de Lahaina para comprar un hot-dog con una extraña salchicha roja y café; pero como antes de salir me había liado a poner la lavadora, todo esto sería a partir de las 12 del mediodía. Levantarse tarde, acortaba muchísimo las posibilidades en unas islas donde amanece a las 7 de la mañana y anochece, a partir de las 5 de la tarde.
Llegamos a Honolua Bay, junto a los campos de piña y aparcamos en el camino de tierra para ver que en el pico, justo debajo nuestro… más que plato, piscina. De regreso pasamos por Lahaina para devolver los snorkel en Boss Frog’s y pensando qué otra cosa podíamos hacer, decidimos subir hasta la cima del volcán Haleakala. Mientras subíamos, podíamos apreciar como iba cambiando el paisaje de los prados verdes a los volcánicos acantilados, obteniendo también una increíble vista entre nubes del centro de la isla, uniendo la costa este con la oeste; alucinante. Llegamos a los 8.000 pies de altura y ya no se veía nada con tanta nube, pero continuamos con la esperanza que despejaran al final del camino… aunque iba a ser que, noup.
Ya a los 10.000 pies de altura, salí del coche para acercarme al visitors center y leer los carteles de información, pero un repentino frío helado y húmedo me recibió al salir del coche, con chanclas. Fui corriendo para volver enseguida al coche, gritando, porque ya dejaba de sentir las puntas de los dedos de mis pies. Continuamos un poco más arriba hasta la cima y lo único que pudimos hacer, más allá de coger un resfriado, fue echar fotos a los carteles de información porque las vistas, estaban espesamente nubladas. Allí nos enteramos que aquel volcán continúa unos cuantos miles de metros más bajo el mar, llegando a medir en total unos 3000 mt de altura; una pena que por las nubes no pudiéramos disfrutar, el paisaje lunar de su cráter.
La vuelta nos costó unas dos horas – u hora y media, son unos 60km solo ida-, llegamos a Paia y aparcamos en Hookipa para ver las olas por última vez, porque quedaba poco para que oscureciera del todo en la costa este. Regresamos al apestoso camping a pasar nuestra última noche y finalizar así, nuestra estadía en Maui.