27º DÍA: Bodysurfing en Oneloa

Big Beach (Makena), Maui Hawaii
Oneloa beach by Roddh
5 de Febrero: Nos despertamos y levantamos súper tarde, como cada día que estuvimos en esta isla, haciéndome totalmente responsable de mi falta de motivación, porque Piji-Maui no me gusta para nada. Moverse en coche es un coñazo, es una isla hecha para aparentar, con paisajes que se pueden encontrar en cualquiera de sus hermanas y encima, con una semana en la que el clima no nos acompañó ni con swell ni con sol, viendo correr un día gris detrás del otro.
Lo que peor llevo es donde elegimos acampar, los 10$ x cabeza peor invertidos por día para mear junto a los que pagaban y los que dormían en el parking, en dos baños químicos sin tapa donde se podía ver la mierda acumulada, decorada con diversos bichos voladores, ya que tardaban… ¡tres días en limpiarlos!, un completo asco. Nuestra tienda estaba montada en un sitio que se superpobló en pocos días y donde nuestro vecino, Brian, lo mantenía todo bien en su sitio: una sartén oxidada tirada entre los árboles, una garrafa de plástico con un líquido marrón que nos acompañó durante toda la semana, gatos cachorros maullando cada vez que abrías un paquete de algo y ramas secas cayendo de los árboles que nos “protegían”, con espinas asesinas, que se me clavaban a cada paso en las chanclas, atravesando hasta la suela de goma. Pero aún así, teníamos que estar agradecidos de que el rengo, Brian, nos prestara la mesa.
Desayunados tiramos hacia Hookipa en el este pero… res. Buscando un sitio donde hacer snorkel, fuimos hasta Makena Landing como indicaban mis apuntes, pero nos equivocamos de cala. Unos currantes que nos vieron con las patas de rana en la mano junto al coche, nos indicaron que debíamos ir más hacia el sudeste hacia Oneloa, Big Beach. Sin dudas, al llegar nos encontramos con una larga playa de arena dorada y nos metimos directo a ver peces, flotar; iban y venían bajo el mar, con el fluir de la corriente, pero controlaban mucho mejor que yo el mantenerse lejos de la escollera, ya que buscaban comida entre el coral cada vez que una ola les balanceaba hacia la orilla. Pude ver un saddleback wrace, varios amarillos con muchas rayas negras y unos largos, gordos, con grandes ojos y una marcada sonrisa.  
Abandonamos el equipo de snorkel y volvimos al agua para jugar un rato, porque rompían orilleras-tuberas y no seríamos los únicos; nos matamos de la risa mientras las olas nos arrastraban y revolcaban, llenándome de arena el top como cuando era adolescente. Habiendo terminado con el bodysurfing, volvimos a la wifi gratis de Krispy Kreme, porque teníamos algunos asuntos pendientes (buscar casa en Oahu, alquilar coche, comprar pasajes a Big Island, etc..) Después de comernos la cabeza y un par de pares de doughnuts delante del portátil, volvimos al camping para preparar la cena & sleep.

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