25º DÍA: Zigzagueando a Hana Bay

Honomanu Bay
3 de Febrero: Desperté feliz besando a mi compañero de buena mañana, me dirigí cantando hacia el lavabo de plástico que hay cerca de nuestro sitio para lavarme la cara y después, fui hasta el parking al asqueroso baño químico del puto camping que elegimos. ¡Maldición! Si hay algo por lo que pago en un camping, es para tener un baño decente o al menos, una ducha en condiciones… no, ni una cosa ni la otra; para esto, duermo en el coche, me ducho de día en las playas y uso los baños de los centenares de Fast Food que inundan ésta turística isla (al menos si pago, será 1$ para usar el baño y de paso, llevarme una burguer o un coffee conmigo).
Tomamos café con tostadas y salimos en dirección al este para ver qué tal con las olas; paramos en Ho’okipa junto con la lluvia que parece haberse instalado ésta última semana en las islas Hawaii y olas había, pero Alex seguía con el pegamento húmedo en la tabla así que continuamos hacia el sureste, camino a Hana buscando un pico de un libro que se había comprado.
Una vez pasando Huelo, la carretera empieza a zigzaguear bordeando acantilados selváticos y con la lluvia como compañera, no podíamos ir más rápido que a 25km hora. El paisaje era impactante, lleno de árboles de todos los tamaños y todas las tonalidades de verde, algunos adornados por flores naranjas o amarillas en sus ramas. La lluvia era tan densa e incesante, que caía por las paredes de roca que bordeaban la carretera en forma de cascada, sin lograr inundarla gracias a desagües que se comunicaban en los puentes con reales cascadas, que desembocaban en ríos, atravesando la selva; el cambio de paisaje comparado con la city, era radical. Paramos en Honomanu, el pico que buscábamos y a pesar de que no entraba nada, el point era escénico. Podía notarse la fuerza de la corriente entrar en una playa de roca volcánica negra, donde desembocaba un río que formaba parte de una cascada, que caía cerca de la carretera. 
Recorrimos las 40 millas (64,37 km) que nos llevaron hasta Hana Bay y agotados por la lluviosa tensión del largo viaje, nos resguardamos en un pavilion para almorzar. Pudimos conectar el ordenador en unos enchufes que había por allí, bajar las fotos mientras preparábamos los bocatas y reírnos de como los pájaros, a quienes llamamos “patones”, corrían con sus largas extremidades hasta los trozos de pan que les echábamos. Cuando terminamos el almuerzo, comenzamos el cruel regreso por la misma carretera con la que llegamos hasta allí; solía conectar Hana con el oeste pero debido a un terremoto que tuvo como epicentro a Big Island, el deslizamiento de grandes rocas cerró el camino entre Lelekea Bay y Nuu. En nuestro regreso por Hana Hwy., pudimos ver la fuerza del agua despeñando por aquellas laderas y un árbol caído en medio de la carretera – en nuestro viaje de ida, no estaba- que la enérgica lluvia, habría desprendido de sus raíces.
Ya en Kahului encontramos un sitio donde teníamos wifi gratis, café peor que el de Ronnie McDonald y doughnuts de todos los gustos y colores: Krispy Kreme. Allí nos quedamos un buen rato comiendo porquerías, mientras Alex se peleaba en el parking con la tabla y el pegamento y yo, con el maldito Windows Vista que me colgaba peligrosamente el ordenador, cada dos por tres. Así fue que aprendí la necesidad de acarrear un disco externo, en este tipo de viajes de largo recorrido.