22º DÍA: Mahalo Kauai - Aloha Maui

Launiupoko Beach
31 de enero: Terminamos nuestro segundo mes de vacaciones y junto con él, la estadía en la isla jardín. Esta vez el sol del nuevo día calentaba la tienda de campaña, avisando que la lluvia y el fresco, ya habían terminado. Nos despertamos juntos a las 9 de la matina y levantamos campamento después del rutinario aseo. Alex quitaba pacientemente las estacas para desmontar el cubretecho mientras yo, me dedicaba a lo poco que nos quedaba dentro y limpiaba. Cerramos las mochilas hasta nuestro próximo destino, guardamos las almohadas dentro de nuestro inservible “cooler” con los típicos hibiscus estampados y nos acercamos a despedirnos de nuestros vecinos, para dejarles la poquita comida que nos había sobrado. Nos saludaron con un “Encantados de conocerles, guys!” y se alegraron al saber que no solo habíamos acampado allí, sino que recorreríamos Maui, Big Island y más semanas en Oahu, también de camping.
That’s the way… that’s how you meet the right people
“Ahí, ahí… así es cómo se conoce a la gente correcta”
A las 10 de la mañana ya teníamos todo listo y salimos saludando a nuestros vecinos, pitando desde el coche para ir a desayunar por última vez al ABC store y recorrer la carretera 56 hasta el aeropuerto, para devolver antes de volar, el coche de alquiler. Breve parada donde compramos comida chatarra to take away, para comerla en la puerta-arcada del aeropuerto de Lihue, porque el control de metales está justo en la misma entrada, casi al aire libre al igual que el check in, de las líneas aéreas que funcionan entre las islas. Ya dentro de la sala de embarque nos sentamos cerca de unos enchufes, para ver nuestras cuentas y una vez más, nos habían cargado los pasajes por duplicado. Lo peor fue que la chica del check in le ofreció a Alex un pasaje para viajar más temprano y él dijo que no, porque pensábamos que ese podría ser el problema pero, no; evidentemente las tarjetas de débito españolas no se llevan nada bien con USA. Sin otro remedio que esperar dos horas hasta nuestro vuelo, a las tres de las tarde estábamos caminando hacia la manga del avión.
Solo una hora y aterrizamos en Maui, The Valley Island –la isla de los valles-; salimos del avión y el aeropuerto no solo era más grande que el de Kauai, sino mucho más concurrido. Según bajábamos las escaleras mecánicas del free-shop, me di cuenta que me había olvidado un bolso pequeño debajo del asiento del mismísimo avión que regresaba, ahora mismo a Kauai. Corriendo escaleras mecánicas arriba, dejé allí a Alex y llegué hasta la puerta casi sin aliento, para contarle a la azafata lo que me había pasado y tener la suerte que aún, estaban subiendo los pasajeros.
Dejamos atrás el rent a car y después de una pequeña confusión de dirección, conseguimos encontrar Hobron Av. para visitar uno de los dos campings del Condado de Maui. Llegamos y nos largamos; una vez más como está cerca de la ciudad, el ambiente chungo nos espantaba del lugar, para comenzar a encaminarnos antes de que cayera el sol a la costa oeste por la 380 y ver qué tal, el segundo beach park: Papalua.
Una increíble… mierda. Es una playa con poca arena, pegada a la carretera que va hacia Lahaina, con un terreno sucio y molesto para echarse con la tienda a descansar junto al armonioso ruido de los coches al pasar y menos que menos, tranquilo como para dejar la tienda montada sola allí, como sí pudimos hacerlo en las otras islas. Evidentemente, a este Condado no le importan mucho los que acampan y se interesan mucho más, por los que visitan resorts. Viendo lo que nos ofrecía la isla, tiramos recto buscando el único camping que nos quedaba ya en la costa oeste pero nos pasamos el pueblo y terminamos en Launiupoko Beach, para echar fotos de un atardecer de cine. Vuelta atrás para encontrar el camping, pero repentinamente Alex paró a un costado de la carretera porque de pura casualidad, ví asomar unas ballenas en el mar. Aparcamos y nos sentamos junto a otra gente que estaba haciendo lo mismo que nosotros, aunque mejor equipados con trípodes y zooms larguísimos. Pudimos ver a una ballena nadando con su hijo que aleteaba y daba vueltas en el agua, mostrándonos su blanca barriguita. Finalmente, pasamos un General Store en Olowalu y unos metros más adelante, sobre el lado del océano, un cartel que ponía Camping. El check in estaba cerrado pero decía que podíamos instalarnos igualmente; una pena que ya fuera de noche y en ese camping, era imposible montar la tienda a oscuras, iluminando solo con nuestra luz de bicicleta. Luego nos daríamos cuenta que podríamos haber dormido en el parking del camping, como muchos otros hacían.
Cenamos en una hamburguesería que quedaba junto al dique del puerto de Lahaina y más tarde, empezamos a buscar un spot donde aparcar el coche para pasar la noche. Tiramos hacia Kihei ya que era donde más beach park había, pero con la diferencia que en ésta isla, no estaban habilitados para acampar sino solo para pasar el día; por cada uno que pasábamos, veíamos la puerta-valla del parking cerrada, junto a un horario de apertura y cierre. El mayor problema era que frente a todas estas playas no había barrios, sino hoteles, apart-hotels o grandes complejos, que poseían algunas de las playas. Un asco.
Totalmente derrotados continuamos por la Hwy. 31 hasta que sola, nos desvió hacia un paseo que bordeaba hoteles de 5 estrellas y campos de golf hasta que, simplemente, la carretera de asfalto… terminó. Sin más remedio retrocedimos y bajamos hasta Makena bay donde sí parecía estar habitado por gente no-turista, para pasar la noche allí, junto a una “supuesta” cala.