21º DÍA: Penúltimo día en Kauai

With Smile

30 de enero: Volvíamos a amanecer con fuertes vientos del este y lluvia. Habían pasado 2 días desde la última ducha y no podía continuar así, por lo que junté valor y me bañé debajo de la tormenta. Recogimos nuestras cosas y fuimos a Kapa’a para instalarnos, durante unas 3 horas en Java Kai, yo escribiendo y Alex chateando. Antes de irnos, se puso a charlar con el chico que trabajaba allí, más que nada porque le habíamos visto también trabajando la noche que tocó la banda de reggae en Shaka Tacos. Se llamaba Nick y le contó que no veía problemas para encontrar curro, ya que el tenía dos trabajos en los que cobra por hora (unos 10$) y como no trabajaba todos los días de la semana, buscaban gente tanto allí como en el Shaka. Contaba también que pasa lo mismo que en Menorca, la peña trabaja por unas semanas y después se va… haciendo que siempre haya puestos libres de trabajo.
Salimos de Java Kai y Alex tiró recto hacia el norte sin parar, gracias a los 3 shots de café que le había regalado Nick y como la marea este continuaba… no había olas en el norte. Volviendo al camping paramos en la bahía del 1º Kalihiwai Rd. para ver que tal por allí y yo me puse a juntar ramitas para el fuego nocturno –que al final nunca hubo-, contando con la colaboración de una niña, que se llamaba Smile. Volvimos al camping porque ya eran las cuatro y algo de la tarde, bajé todas las cosas del coche, quité la ropa del baúl y me puse a  armar la mochila, antes de que se hiciera totalmente de noche. Alguna que otra nube amenazó con llovizna, pero por suerte toda la tormenta había pasado ya por la mañana. Alex raspaba la parafina de su tabla para poder pegarle el grip que se había comprado en Hanalei surf. Uno de los vecinos hawaianos se puso a charlar cuando estábamos almorzando bocata y birra Coors, mientras me enseñaba una cueva al final de la bahía, donde decía haber visto una vez un tiburón. Nos advertía que no era bueno meterse al agua después de fuertes lluvias y yo leí que cuando la boca de los ríos entra al mar, tampoco es recomendable porque al haber mucho pez revuelto, atrae a los tiburones. Otro de ellos nos ofrecía aguacates y agradeciéndole le respondí que no, porque al día siguiente marchábamos a Maui a lo que contestó con un: Whaaaat? Oh, no…”. Al preguntarle cuándo se marchaban ellos me respondió: Oh, no… I live here - yo vivo aquí-.
En todas nuestras vueltas por la isla, vimos bastante gente viviendo en los campings, aquí llamados Beach Parks, super instalados, pero que no se le pueden llamar homeless-sin techo, porque no tienen ninguna pinta de serlo. Según nos contaba la loca del Activity Warehouse, mucha gente vive en la playa porque el tema de tener una casa es complicado y muchos otros, solo porque les mola vivir así… old school.
Lo que yo leí es que los hawaianos viven de esta forma y su mayoría lo hace por volver a sus raíces, vivir como lo hacían sus ancestros; al aire libre y buscando sustento de lo que la naturaleza da. Lo que no pude averiguar es cómo se las arreglan con el County y cómo logran que no los echen. Podría decirse que son tan desconfiados como buenos isleños; después de casi dos semanas acampando en Anahola fue cuando empezaron a notar, que no éramos unos simples gringos con ganas de joder.
En el mismo instante que terminamos de empacar todo y justo cuando Alex metía la tabla dentro de la tienda de campaña, se largó a llover. No duró mucho, como casi todas las lluvias kauaianas y nos quedamos en nuestro hogar, cada uno en lo suyo hasta que más tarde vimos una película en el ordenador y zzz.zz…zzz.
No me despido de esta isla porque aún sé… que volveré.