16º DÍA: Más Aloha y menos prepotencia Sr.


25 de enero: Madrugada - Antes de acostarnos, puse el móvil español como despertador porque queríamos levantarnos pronto para hacer la caminata por la Na Pali coast. Como una idiota, tenía mal la hora en el telefonito – nos acostamos a las 22hs y para mi reloj, eran las 3 de la madrugada- pero sin siquiera darme cuenta, puse el despertador a las 6.30 y a dormir en mi sobre acolchado me metí. A la hora señalada, el despertador empezó a sonar, y sonar, y sonar… al principio, no podía ni abrir los ojos, a pesar de que escuchaba la insistente canción de Black Eyed Peas y era lógico… en realidad, ¡eran solo las 2.30 de la madrugada! Suerte que ni se me ocurrió despertar a Alex porque me hubiese matado; así fue que después tardé más de una hora en volver a coger el sueño, dando vueltas molesta, dentro de mi saco de dormir.
A las 8 de la mañana o aproximadamente sobre esa hora, nos despertó el guardia y Alex, –no nos olvidemos que el beach park “cerraba” y nosotros junto con algunos más, nos quedamos igualmente- salió a preguntarle que necesitaba. Con esa cortesía facha que suelen tener los policías americanos, le preguntó qué hacíamos allí y mi políglota compañero de acentos nativos, le respondió con su inglés indígena que como ya teníamos el permiso para una semana más y vimos que había más gente, que se quedaba instalada en el camping, pues allí nos quedamos; pero al guardia, policía o lo que fuera que dijera su chapita identificativa, le daba igual. Nos advirtió que por ésta vez… lo dejaba pasar, pero que no olvidáramos que “you could be arrested by doing this”. Nada de multa señores, en USA les mola el temita de meterte entre rejas cuanto antes.
Odio esta mierda, este autoritarismo a base de amenaza que tan famoso les a hecho a los norteamericanos por el mundo.
Toda mi vida quise venir a USA, desde muy pequeña y ya de mayor, tuve que dar una explicación a mis sueños argumentando que mi ilusión de viajar a su tierra, era para conocerlos de verdad, tener mi propia opinión sobre ellos haciendo caso omiso a la de la mayoría. Creo también que mi opinión podría haber sido distinta si primero viajaba a conocerlos a ellos, en lugar de vivir antes en Europa; pero tuve la oportunidad de viajar por libre a través de algunos de los países que la componen y conocer a la civilización americana, en este momento de mi vida… fue un fiasco.
Al menos, no creo que sea el país de las oportunidades y menos, el de la libertad. Viven realmente en un mundo lleno de miedos y de Don’ts o Forbiddens, o cualquier otro sinónimo de PROHIBIDO. Ellos sí que llevan a rajatabla, aquello de lo que no está prohibido, está permitido, a base de carteles informativos o inspectores al acecho. Se puede ver en casi cada una de las casas, un cartel de NO TRESPASSING o de BEWARE OF THE DOG hasta en esta isla, hasta en la choza más rotosa. Viven amenazados por sus propios policías o guardias, cuando la verdadera labor de ellos debería ser proteger a la sociedad, no implementar reglas a base de amenazas… no sé, me resulta patético.
Los ves a todos con sus latas de cerveza en la playa, tapadas con unos vasos de gomaespuma con el rótulo de “Kauai”, impedidos de quedarse en tetas o en bolas en la playa, pero no porque no les mole, sino directamente porque está prohibido. Y encima uno como turista, tiene que aguantar que lo riñan cuando hacer algo contra sus estúpidas “reglas”, con ese tonito de voz déspota y amenazando con un “you could be arrested” o “you could be out of the camping” o un “go awayright now”. Me hartaron, podría decir, bastante rápido.
También jode la exageración de las cosas, de sus cosas. No son los mejores, no en todas las islas hay olones durante la temporada de surf, ni son tan civilizados y menos que menos, se llevan bien entre los estados. En todos los lugares que estuvimos, con mejor o peor clima, vimos homeless en los parques, playas o en las paradas de bus de la ciudad y no se nota que al gobierno, le interese mucho el fondo del problema, sino que se dedica a dividir aún más con barrios privados. Está claro que les importa muy poco el medio ambiente; los homeless reciclan latas pero como los chatarreros de España, para ganar dinero y no por conciencia ecológica. Viven en la abundancia de una América que fue y hoy, se encuentra machacada por ellos mismos, al creerse dueños y amos reales del universo cuando su universo, en realidad, no va más allá de sus narices.
Puede que mi crítica sea cruel con parte de la sociedad que seguramente, no es así y es obvio que está mal generalizar, pero noté también que hay una gran parte que se comporta bien o amablemente, no porque crean que hay que tratar bien al prójimo o cuidar lo que es de todos, sino, solo porque “tienen que hacerlo” o porque el cartel que tiene colgado, frente a su caja registradora en el supermercado, les dice qué tienen qué decir. Uf… normas pedorras y pasadas de moda; pero bueno, terminando ya mi descargo contra los Estados, sigo contando que al final continuamos durmiendo porque con la tontería del despertador, esta vez yo tenía mucho sueño.
Arrancamos a eso de las 10 de la mañana hacia Kapa’a para desayunar y después de perder bastante tiempo, peleando con mi estúpido portátil nuevo que entró en coma durante más de una hora, volvimos al norte hacia Hanalei; Alex a surfear y yo, a escribir.
Terminada la sesión fuimos a pasear por el pijo barrio de Princeville y su odioso campo de golf, rodeado de casas con parkings como no, privados, que te impiden aparcar para bajar a surfear a Hideaways….
Volvimos a nuestra city de referencia, Kapa’a y como la panadería estaba cerrada, fuimos hasta el Foodland que siempre a eso de las 5 de la tarde, ponen a la venta la bolleria del día que ya no es fresca, pero está a precio reducido. Volvimos al camping, Alex preparó todo para el fuego y se puso a leer hasta la hora de la cena, pero tuvimos que salir corriendo a coger las ramas que habíamos dejado junto a la barbacoa, porque se había largado a llover… y con ganas. Una noche en la que nos quedamos sin cenar… L.