11º DÍA: Encuentros cercanos de varios tipos

Pic: Robert Rivard

20 de enero:  Nos despertamos pronto pensando en hacer el sendero hacia la costa Na Pali y llevar la tabla con nosotros, como cada día, por si había swell en el norte, para que Alex se atreviera a ripear los tubos de Tunnels. Llegamos hasta Hanalei sin problemas por la ancha carretera, pero desde allí hasta Kee’e beach, el camino nos sorprendió con un accidente de coche, atascos y sin agua para beber, porque no imaginábamos que dejaríamos la última tienda donde comprar víveres, varios km. atrás y sin apenas darnos cuenta. Cancelamos la caminata, hechamos unas fotos en una cueva llena de agua turbia llamada Waikanaloa y regresamos a Middles para ver si había o no surf session… iba a ser que no. Ya era mediodía, el mar estaba tan manso y quieto como el día anterior, así que cambiamos todos los planes y mientras almorzábamos comida chatarra, decidí que iríamos a ver la cascada Opaeka, que podríamos hacer un sendero hacia el Nou Nou y que desde ese día en adelante, me negaba rotundamente a comer 3 veces al día vaca enlatada, reemplazándola por zumos granizados enlatados a todas horas, en Jamba Juice o donde fuera, que sabían mucho mejor.
La caminata fue larga y cuesta arriba, entre abundante vegetación y como no, algún que otro acceso a casas privadas, que confundieron durante un momento los pasos de nuestro camino. Al llegar a la cima del gigante dormido, Alex me preguntaba si me encontraba bien, porque venía sudando como un cerdo y un negro de rastas, sentado junto a una rubia en un banco de madera, con vistas a toda la costa de Kapa’a, giraba su cabeza para preguntarle a él: “Are you argentinian?” El negro era tan negro pero no solo por ser de Texas, sino porque su madre era gambiana y nos contaba que hacía ya muchos años, que vivía en Kauai; que había conocido muchos argentinos surfando por las islas y que teníamos un acento reconocible al hablar en inglés. También nos convidó unas caladas de lo que fumaba, pero la verdad, es que yo aún estaba intentando recuperar el aliento. Bajamos rápido con el camino aprendido, regresamos al coche para pasar por el super a comprar el imperdible 10º café de Alex y volvimos al camping, porque ya era de noche.
El temita del fuego se complicaba porque el viento había cambiado, soplando fuerte desde el sudeste y como las barbacoas estaban estratégicamente colocadas, para ser disfrutadas en verano, todas recibían aquel fuerte aire, haciendo que mi querido compañero, campingman, puteara en voz alta al realizar este sencillo ritual.
Los vecinos seguían de fiesta y según nosotros fumábamos, filosofando sentados a la orilla del mar, tomando Natural –la birra más barata del mercado-, una pareja joven se acercó y su puso a charlar con nosotros. Ambos eran kauaianos, tenían 18 años y fliparon cuando les contamos de dónde éramos, de dónde veníamos y adónde íbamos. “Yo nunca crucé a Oahu” confesó el chico de pelo largo y no me sorprendió, porque no era la primera vez que escuchaba algo así; conocía gente en Menorca que no había salido de la isla o que ansiaba surfar en Australia o Indonesia, sin siquiera atreverse a entrenarse junto a la tramotana del mediterráneo, a las puertas de su casa.
Porque uno se empeña en buscar tesoros ocultos, lejanos, en vez de descubrir los paraísos escondidos, o simplemente, anónimos picos cercanos.
SURF LIFE, dude….
RESUMEN
TUNNELS BEACH: Último pico del norte
KE’E BEACH: La playa más septentrional, adonde llega el asfalto.
CASCADA OPAEKA: Muy fotogénica
SENDERO NOU NOU: No te pierdas subir la espalda del gigante dormido