6º DÍA: Penúltimo día en el North Shore más famoso

 15 de enero. Me levanté, caminé y volví hacia la carpa, para empezar nuestro ritual mañanero aunque esta vez sin fuego, porque no teníamos café y tampoco había nada para comer. Ordenamos todo y fuimos al Foodland de Laie, para comprar unos café americano de máquina, Kona French Vanilla, que son una delicia.
Nuestra cesta incluyó pan, embutidos, donuts de postre y una tarjeta de teléfono para hablar con la familia. Allí mismo, junto a la hardware store, había un teléfono desde donde llamé a mi vieja, para ponernos un poco al tanto de nuestras vidas.
Como el día estaba totalmente nublado y con un aire bastante fresco, le pedí a Alex que me dejara en el camping antes de marcharse a surfear. Así fue que me quedé haciendo mis ejercicios de Pilates, me bañé aprovechando el depilarme, organicé un poco la tienda y al poco tiempo caía Alex, para almorzar juntos. Cocinamos noodles – la pasta más económica que encontramos, barriga llena con unos céntimos de $- con salsa filetto, que nos había sobrado de la lata que compramos y le agregamos unas salchichitas Frankfurt que, como no, también venían en lata. Comimos en nuestros tupper multiuso y Alex se echó a dormir una siesta, mientras yo recorría el camping en busca de ramitas, para el fuego de la noche. Luego supe que en el super de Kahuku, vendían leña… seca, una buena cantidad para la fogata y sin tener que agacharse a recogerla.
Ya a la media tarde, una vez más el surfing man zarpó hacia el norte y yo, me quedé leyendo “Argentinos” de Jorge Lanata; un libro que me está enseñando lo básico de la historia nacional, todas aquellas historias de próceres y guerras, que nunca comprendí. Atrapada por la lectura sobre nuestra querida nación y sus comienzos, me senté a escribir con los calcetines puestos –antes de esto intenté hacer lo mismo a la orilla del mar, sin calcetines, pero estaba bastante fresco- hasta que el calorcito ínfimo del sol, empezó a menguar por el atardecer y me dispuse a hacer fuego, por primera vez.
Lograba encender la chispa pero en el momento que me sentaba a escribir… se apagaba. Lo intenté varias veces más, pero me di cuenta que el controlar un inicio de fuego, era una tarea de sensei, que requería dedicación y mucha atención. Aun así, luché hasta que llegó mi salvador desde el norte de la Kamehameha hasta a mí, para recuperar la llama.
Ya estábamos metidos en la carpa a punto de dormir y vimos que solo eran… las 8 de la noche! Que cortos se hacen los días en Oahu, si no te despiertas pronto.
RESUMEN
-        Madrugar es la mejor forma de aprovechar la isla; se pierde bastante tiempo en carretera, entre atascos y conexiones.
-         Un día de pachorreo, sola y a gustito, en The Gathering Place
-         LEÑA: Supermercado de Kahuku.